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viernes, 30 de octubre de 2009

¡Mentira,no es cierto,nada esta resuelto!



NO ESTAMOS DE LUTO...
porque no sentimos que el muerto esté muerto, porque palpita y se mueve con rabia y ganas de vivir, porque si de algo sirvió este plebiscito, es para remarcar que el tema de la impunidad en Uruguay, lejos de estar solucionado (como desde hace 20 años proclaman los cómplices civiles de la dictadura, entre otros), está más que nunca a flor de piel de muchísima gente, de más de 1 millón de personas que se expresaron a través de las urnas, y de muchas más que no pudieron hacerlo pero sienten la herida abierta... Un plebiscito que quizás fue mal implementado desde un principio, que se presentaba de una forma muy difícil, que exigía un nivel de votación elevadísimo, y para el cual se necesitaba una campaña de concientización tan profunda que no se podía lograr en medio de unas elecciones presidenciales, a pesar del enorme esfuerzo y disposición de muchos compañeros y compañeras, y que recibió apenas un apoyo timorato y desentendido de la fuerza política que debió apoyarlo a raja tabla, y no lo hizo (la misma fuerza política que pudo haber anulado la Ley desde el parlamento, cosa que tampoco hizo).

Entre esas personas que no votaron por el SI, muchos no lo hicieron porque apoyan la impunidad, pero ¿cuántos no lo hicieron porque no sintieron el tema como propio, porque han vivido toda la vida escuchando las mentiras repetidas hasta el cansancio por el poder y no se sienten identificadas con la situación? O, directamente, no escuchando nada; solo el silencio impuesto durante tantos y tantos años. ¿Cuántos jóvenes hay, nacidos después de la dictadura, que no saben nada de ella ni de los desaparecidos y no tienen ni idea de qué significa el Nunca más? ¿A cuántos no se pudo llegar con el tema? La papeleta única no dejó vislumbrar esto; no lo podemos saber.

También hubo, y es justo decirlo, quienes no querían que el tema se plebiscitara nuevamente, sobre el entendido de que la impunidad no es un tema definible por las urnas, y que, así como el primer plebiscito fue un error que nos costó muy caro, volver a hacerlo era tropezar dos veces con la misma piedra. Muchas personas no firmaron para definir la anulación por plebiscito (aunque tuvieron que ir a votar, una vez resuelta la vía electoral), basándose en la idea de que no podemos, así seamos mayoría, decidir de ninguna manera si se va a hacer justicia o no en nombre de toda la sociedad, y mucho menos en nombre de quienes fueron víctimas directas y ya no están, ni en nombre de los niños, quienes no pueden decidir en este momento pero van a sufrir en el futuro las consecuencias de todo esto. No se puede votar si la justicia se cumple o no; es algo que debería ser y listo. Por lo tanto, la Ley de Caducidad es nula de por sí, y anularla propiamente significa realizar un mero trámite legislativo que el sistema político le debe aún a toda la sociedad. La responsabilidad de hacer justicia a nivel institucional es del Estado, y esa decisión, ¿debe recaer como un fardo sobre las personas, que no estamos preparadas para afrontarlo ni somos quienes deberíamos estar haciéndonos responsables de ello? ¿Es lo mismo la justicia social que la Justicia institucional? Entonces, quizás las mismas energías que se volcaron en la campaña por el SI, deberíamos volcarlas en presionar al sistema político...

En fin, las preguntas son muchas, las propuestas pueden variar enormemente, las discusiones pueden enriquecerse con muchas más apreciaciones que no están plasmadas en este escrito. Podemos empezar a volcar tantas opiniones como personas seamos, con respecto a por qué llegamos hasta este momento; pero lo más importante ahora es lo que nos queda, lo que compartimos.

Porque quedamos la gente... somos muchos, muchísimos quienes una vez pasado el domingo, nos encontramos con la sorpresa de esta bronca diferente, vivida con la extrañeza de quien se cruza con un viejo conocido ya casi olvidado; esta bronca, que lejos de venir de la tristeza y del odio, viene de la indignación y de la necesidad de solidaridad, y en ese sentimiento resulta que no estamos solos, resulta que empezamos a mirar para los costados y nos encontramos con otras caras que muestran la misma bronca, la misma indignación creciendo con paulatina firmeza, apartando a la tristeza hacia un costado, dejando de lado el duelo, porque no queremos hacer un duelo, porque no sentimos que se acabó...

ESTO NO ES EL FINAL, ESTO ES EL PRINCIPIO... La gente es la que dice y la gente es la que hace... Quizás contrariamente a lo que se hubiera esperado, vemos movilización, vemos ganas y fuerza. Pensemos entonces, ¿quién debe decir si el tema está liquidado? ¿La derecha? ¿Los represores que continúan libres y que desde lugares como el Círculo Militar salen a regodearse por el resultado? ¡¿Los políticos de izquierda que no quieren hacerse cargo?!
Los únicos que pueden decir si el tema está liquidado, son los mismos que pueden dar la lucha: nosotros. Somos una mayoría social con memoria, con una sana memoria, que busca recuperar la dignidad.

Es así que nos repetimos, desde nuestra bronca, desde nuestra búsqueda, que no estamos solos, y desde este colectivo les decimos a todos y a todas, a quienes estén de acuerdo con lo que acá escribimos, y también a quienes no lo estén del todo, pero compartan el mismo sentimiento: compañero, compañera, de verdad, la lucha continúa.

Colectivo CONTRAIMPUNIDAD


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Compartimos información que nos llega de gente que ya se está empezando a movilizar en esta nueva etapa, por distintos barrios de Montevideo:


Domingo 1 de noviembre de 2009
de 17:00 a 21:00

Empezamos en la Rambla esquina Concepción del uruguay y terminamos en Kibón

Porque un 52% de los uruguayos decidió no aprobarlo...
Marchemos a favor del SÍ, para poner fin a la impunidad y abrir las puertas a la justicia. Marchemos, por los desaparecidos y sus familiares, por el pueblo uruguayo, por la convicción de que en nuestro país ni el olvido ni el perdón se otorgan con un plebiscito. ¡Marchemos a favor de la vida!
SÍ-GAMOS EN MARCHA.

Sin banderas partidarias,
sólo llevando algo rosado y negro.

Una marcha sale de Concepción del Uruguay y la otra de Ciudadela, ambas irían por la rambla y se encontrarían en Kibón.
Saldrían al mismo tiempo de cada lado para llegar más o menos al mismo tiempo al destino.



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Viernes 20 de noviembre
20hs. Plaza Libertad


Tu voto vale por uno. Tus acciones se multiplican.

El viernes 20 de noviembre, a las 20 hs, nos encontramos en la Plaza Libertad, sin banderas, vestidos de negro, en protesta contra la impunidad.

1.200.000 uruguayos votaron por anular la Ley de Caducidad.

¡LA LUCHA CONTINUA! ¡LA JUSTICIA SE HACE!


sábado, 24 de octubre de 2009

A vos que no estuviste... Sobre el sistema de mentiras de la Impunidad‏

La impunidad se asienta sobre un eficiente sistema de mentiras bien aceitadas, repetidas hasta el cansancio desde distintos sectores del poder, como son el sistema político y la prensa alineada con él, aplicando aquello de que una mentira repetida 100 veces termina convirtiéndose en verdad.

A vos, que quizás no estuviste durante la dictadura pero que estás ahora, te invito a reflexionar juntos sobre estas cosas…


Recordemos algunas de esas mentiras convertidas en verdad a cachetada de prensa:


El que pide justicia es un rencoroso que no vive ni deja vivir, porque la justicia es igual a la venganza...

Resulta que desde que vamos a la escuela nos meten la palabra “justicia” hasta en la sopa, y que la justicia esto y que la justicia lo otro, y qué buena, y qué justa es la justicia, che, lo mejor que hay después del arroz con leche; y cuando las familias de los desaparecidos y los asesinados, y los que sufrieron tortura y años de cárcel política exigen justicia, ¡¿entonces la justicia es mala?! ¿¡Entonces la justicia es igual a la venganza?!!.

¿Cómo pueden ser iguales dos cosas que ni siquiera son sinónimos? El propio Estado contempla la necesidad de tener un órgano que “administre justicia” (o por lo menos en teoría), y por lo tanto existe el Ministerio de Justicia; pero nunca se escuchó hablar del Ministerio de Venganza.

La venganza es un acto personal; no le importa más que al que se venga, y el que se venga lo hace en nombre propio o de alguien muy cercano, pero no lo hace pensando en un bienestar social ulterior a su acto de venganza, ni pensando en mejorar el futuro de una sociedad, ni nada que se le parezca.


Como la justicia es igual a la venganza, lo más sano es perdonar...

Pero ¿con qué derecho perdonamos en nombre de las víctimas que ya no están? El perdón es tan personal como la venganza. Supongamos que alguien comete un crimen contra mí: por más atroz que sea, y siempre y cuando yo sobreviva, podría optar por perdonar a esa persona y, por lo tanto, decidir no vengarme de ella; así también podría decidir si me reconcilio o no, siempre y cuando la otra parte me haya pedido un sincero perdón y dé muestras de querer reconciliarse, ya que la reconciliación es tan personal como el perdón o la venganza. Pero no puedo perdonar a alguien y decidir, como si fuera lo mismo, no hacer justicia, porque la justicia es un derecho social, porque obtener justicia no es un derecho solamente mío, sino de todas las personas que formamos parte de esta sociedad, y yo no puedo decidir por todas las personas, mucho menos por aquellas víctimas directas que ya no están y por lo tanto no se les puede preguntar: “che, ¿te molestaría mucho si no metemos presos a estos tipos que te mataron?”.

También es el derecho de los que no pueden decidir en el presente, como los niños, que dentro de unos años se van a tener que fumar las consecuencias de las decisiones que tomemos hoy, y en ese sentido yo no puedo decirle a un niño: “mirá, nene, ahora vos no entendés nada pero yo voy a dejar libres a estos hijos de puta a pesar de todo lo que hicieron, para que se les siga enseñando a los milicos más jóvenes que torturar, asesinar y desaparecer gente está bien. Cuando vos seas grande estos viejos ya se habrán muerto, pero vas a tener a las nuevas generaciones de milicos que habrán aprendido la misma doctrina, y por lo tanto podrían hacerte lo mismo a vos si les llega a joder tu forma de pensar… No te molesta, ¿verdad, nene?”.

Y, después de todo, ¿quién carajo pidió perdón? Que yo recuerde, nadie. La idea en realidad viene desde la instauración oficial de la impunidad, con la promulgación de la Ley de Caducidad, y se trata más bien de una forma de reconciliación bastante particular, al mejor estilo Fuerzas Armadas: “te reconciliás o te refundo”.

El hecho es que no existe el torturador arrepentido o con remordimientos. Para ser torturador, para poder perpetrar los actos que cometieron sin que les temblara el pulso, sin vacilar, no podía haber lugar para la duda o el remordimiento, y es lógico pensar que sentían satisfacción por lo que hacían. Pero no hay que confundir al torturador con un delincuente común, ni con un psicópata que no puede dominar sus actos debido a una enfermedad mental. Un torturador no es un enfermo psiquiátrico; no existe una justificación médica para sus crímenes. Tampoco es un criminal común; quizás en la historia personal de un criminal común exista alguna causa, que si bien no justifique sus crímenes, nos ayude a comprender cómo esa persona derivó en un criminal. Pero el caso del torturador no es ese. La explicación de cómo un torturador se convierte en lo que es, está en el mismo Estado, está en los llamados aparatos del Estado. Los torturadores se crean. No son un accidente de la sociedad, ni una consecuencia no deseada de la pobreza extrema, de la corrupción en todas sus escalas, anexada a los bolsones donde campea el crimen organizado a bajo y alto nivel, etc. etc.; esos sí son los criminales que el Estado no desea y quiere combatir (o por lo menos eso es lo que se pondera desde los discursos oficiales). Pero el torturador no es un criminal no deseado, sino todo lo contrario. El Estado los crea a propósito para que cumplan un cometido, al igual que se fomentan médicos para la salud pública, abogados de oficio para los juzgados, maestros para las escuelas, etc. Los torturadores son funcionarios del Estado.

El torturador está entrenado por instituciones estatales, nacionales y extranjeras, para ser torturador; y por su parte, el torturador eligió como función, como tarea a desempeñar en su carrera, ser torturador. Y tanto por ese entrenamiento previo, como por el contexto de las situaciones extremas en que se va a ver ubicado, no hay lugar para remordimientos ni cuestionamientos morales tal como nosotros los podríamos entender. Ese tipo de trabajo no se puede cumplir con dudas a nivel ético, sino con decisión y goce. Si el torturador llega a ser lo que es, es porque eligió serlo, lo disfruta y recibe el crédito de sus superiores.

El hecho se confirma en que hasta el momento ninguno pidió perdón de nada; por el contrario, reivindican sus actos cada vez que pueden, diciendo que todo lo que hicieron, lo volverían a hacer, y mientras se autoproclaman como víctimas, continúan negándole a los familiares de los desaparecidos la verdad sobre sus seres queridos. El grado de perversidad de esta situación llega al punto de que en muchos casos las viejas (como se les dice cariñosamente), que ya se están despidiendo de este mundo, tienen prácticamente la misma cantidad de información sobre la desaparición de sus hijos que hace 30 años atrás, y las están dejando morir negándoles el mínimo derecho a la verdad.

La mayoría de estos torturadores continúan libres al día de hoy. De esta clase de gente se valieron los gobiernos pre-dictatoriales, el gobierno de la dictadura, y defendieron y defienden hoy sin ningún escrúpulo los partidos blanco y colorado (y, lamentablemente, algunos personajes de la izquierda electoralista, para enorme tristeza de mucha gente que cree en ellos).

- ¿Y el “perdón” conque se llena la boca Monseñor Cotugno?

Juan Pablo II dijo en un discurso que perdonaba a su agresor Ali Agca por intentar matarlo a tiros, pero nunca pidió una rebaja en la pena que le había dictado la Justicia. ¡Mucho menos que lo dejaran libre!


En Uruguay hubo una guerra sucia…

Qué guerra sucia ni qué ocho cuartos... Acá hubo una dictadura cívico-militar, donde las Fuerzas Armadas tomaron el poder junto a sus secuaces civiles.

Hoy ya ni siquiera corren las viejas excusas de siempre para no juzgar a la dictadura como tal, porque no resisten el mínimo análisis: el golpe de estado se dio el 27 de junio de 1973, y los propios milicos, con su jefe civil a la cabeza - Juan María Bordaberry-, dijeron haber terminado con la guerrilla en 1972; por consiguiente, ya no había lucha armada en el momento del golpe.

Hasta Sanguinetti tuvo que achicar un poco con la farsa, por lo que hace algunos años admitió que no se podía seguir sosteniendo la idea de que el golpe de Estado se dio para detener el avance de la guerrilla. Repito: el mismísimo Sanguinetti no pudo seguir usando gratuitamente una de sus mentiras favoritas, la misma que usó durante muchos años para justificar las atrocidades de sus aliados militares y la permanencia de la Ley de Caducidad.

No podemos obviar el hecho de que las dictaduras fueron, en gran medida, un invento extranjero, maduradas, evaluadas y financiadas por los Estados Unidos de Norteamérica. Se pensaron como herramientas, y como tales, se volvieron obsoletas una vez que cumplieron su objetivo (instaurar un modelo político-económico bien determinado), por lo que posteriormente se dejaron de lado, muy a pesar de sus cabecillas, quienes tenían la intención de perpetuarse en el poder.

Ahora, miremos un poco a la otra orilla:

Hoy en día, en la Argentina se habla de genocidio en todos los ámbitos, tanto públicos como privados. Se habla de genocidio desde el gobierno, en las escuelas, en la prensa, etc. Ese genocidio de la Argentina no es un hecho aislado, porque las dictaduras de nuestra región no fueron hechos aislados, sino que los aparatos represivos de nuestros países estuvieron coordinados y colaboraron entre sí: a esta coordinación se le llamó Plan Condor, porque surgió desde Chile como una estrategia regional, planeada por Pinochet y su gente (y con la plena colaboración de EEUU). Es por eso que los miles de desaparecidos de Chile, Paraguay, Brasil, Argentina y Uruguay, están vinculados por un mismo accionar. Es por eso que el genocidio de Argentina es también nuestro; se le suman los más de doscientos detenidos-desaparecidos uruguayos, la mayoría de ellos, desaparecidos en Argentina, donde la dictadura uruguaya tenía represores colaborando con el terrorismo de estado argentino; represores que están involucrados en desapariciones de ciudadanos de varias nacionalidades (esa colaboración e intercambio de torturadores sucedió en todos los países bajo dictaduras en el Cono Sur).

Entonces, los torturados, asesinados y desaparecidos, ¿estaban haciendo la guerra a los tipos que los torturaban? Una persona presa o secuestrada - guerrillera, sindicalista, maestra, militante social, delincuente común o lo que sea; no importa - atada en el suelo e indefensa, ¿está en igualdad de condiciones que el hijo de puta que la revienta a patadas hasta matarla, o le pega un tiro en la nuca? Entonces, siguiendo la misma lógica, los muertos y torturados en los campos de concentración nazis, ¿le estaban haciendo la guerra a los nazis? ¿Alguien en su sano juicio podría llegar a pensar que estaban en igualdad de condiciones? ¡¿Son las caras opuestas de una misma moneda los muertos de Auschwitz y los nazis de Auschwitz!?

¿Y acá en casa? ¿En guerra contra quien estaban las jóvenes mujeres embarazadas, como María Claudia García, a las que mantenían con vida solo hasta que dieran a luz, para después matarlas y quedarse con sus bebés? ¡¿En guerra contra quien estaban esos bebés que fueron expropiados!?

El Nunca más es una cuestión meramente política a solucionar con un par de actos y una fecha de calendario…

No, el Nunca más es una posición política e histórica que se asume a nivel social, y una garantía de futuro digno.

Y es mucho más que eso, no debe quedarse en una mera posición sobre el pasado sino que debe ser un compromiso real de todos en este presente, y no ha de ser dejado en manos de aquellos que manosean y distorsionan los hechos, tanto para salvaguardar su impunidad como terroristas de estado, como para mantener el secreto de su cobarde colaboración, así como tampoco en manos de aquellos que no tienen escrúpulos en manipular la verdad con tal de asegurarse réditos electorales.

El Nunca más es el legado más importante a las nuevas generaciones, aunque estas nuevas generaciones, gracias a la política de mentiras y silencio que hemos sufrido desde hace tanto tiempo, no tengan ni idea de qué carajo se les habla cuando escuchan decir “Nunca más”.

Algunas certezas:

Un torturador no es mi hermano.

La mentira oficial se construye sobre la verdad secuestra.

La justicia, al igual que la memoria, tienen como punto de partida la recuperación de la verdad, como un derecho de todos.

La memoria es nuestra historia como sociedad; la compartimos y construimos entre todos. Vos se lo vas a contar a tus hijos, y ellos a sus hijos, y así sucesivamente, pero también se la vas a contar a quien tengas al lado, a tus amigos, tus compañeros de clase, de trabajo, y a su vez ellos te la van a contar a vos también. Incluso quizás se la cuentes a tus padres y demás mayores, si aún no la compartieron con nadie, porque ellos vienen de vivir más de cerca los años donde el terror se imponía, y puede ocurrir que se animen a hablar de ciertos temas recién conversándolos con vos ahora.

Esto quizás pueda parecer difícil porque depende de nosotros y no nos lo va a solucionar ningún Estado ni ningún gobierno; pero si lo pensamos un poco, no es más que una práctica ancestral del ser humano: los más viejos trasmiten su historia a los más jóvenes, que a su vez la van a transformar al hacerla propia y al transmitirla a la siguiente generación. No se trata de un trabajo a realizar; no hace falta sudar para construir la memoria colectiva. Se hace instintivamente, siempre y cuando no te hayan impuesto el miedo a hacerlo, siempre y cuando no te hayan dicho que conocer el pasado es peligroso, y vos lo te hayas creído.


A alguien le sirve que no sepamos nada del pasado reciente, y que, por lo tanto, no aprendamos nada de él... Los giles se gobiernan más fácil.


ABAJO LA LEY DE IMPUNIDAD

Colectivo CONTRAIMPUNIDAD

miércoles, 21 de octubre de 2009

Multitudinaria marcha contra la impunidad en Uruguay







Fuente: Página 12


COPAN EL CENTRO DE MONTEVIDEO PARA REVOCAR LA LEY DE CADUCIDAD


Marcha contra la impunidad

El próximo domingo, junto a las presidenciales, los uruguayos tendrán que decidir si revocan o no la ley de impunidad a través de un referéndum. Ayer cerró la campaña del “Sí” en la capital uruguaya con un acto multitudinario.


La campaña para revocar la Ley de Caducidad llegó ayer a su fin en Uruguay con una marcha que copó el centro de Montevideo. Tan sólo un día después de que la Corte Suprema de ese país fallara la inconstitucionalidad de la norma que impidió juzgar a los militares y policías acusados de violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura (1973–1985), unas treinta mil personas se movilizaron desde la Plaza Cagancha, en el kilómetro cero de la capital, hasta el Obelisco, bajo la consigna “El último 20 con Ley de Impunidad”. “Se está cerrando un ciclo en el que todos los poderes del Estado están dictaminando que la Ley de Caducidad es inconstitucional”, aseguró ayer Luis Puig, secretario de Derechos Humanos de la central obrera PIT-CNT, una de las principales impulsoras del referéndum.
Es que el tiempo apremia. El próximo domingo, junto a las presidenciales, los uruguayos tendrán que decidir si revocan o no la ley de impunidad a través de un referéndum. El fallo de la Corte, divulgado en la misma semana de las elecciones, se aplica sólo al caso analizado. Abrir la puerta a todos los posibles juicios sería un proceso más largo que ganar la consulta.
Ayer, en la marcha, el color rosado que identifica a la papeleta del “Sí” se hizo visible a lo largo de dos kilómetros en el centro de la ciudad. El Premio Nobel de la Paz argentino Adolfo Pérez Esquivel; la nieta del escritor Juan Gelman e hija de desaparecidos, Macarena Gelman, y el escritor uruguayo Eduardo Galeano, entre otros, dijeron presente. Sin embargo, para que la ley sea revocada, hace falta la mitad más uno de los votos. Según las últimas encuestas, el “Sí” sólo llega al 47 por ciento, con casi un 12 por ciento de electores indecisos.
Por eso, ayer, la asociación Hijos de Uruguay pasó a la ofensiva y se lanzó de lleno a convencer a la ciudadanía para que vote por el “Sí”. “Una oportunidad única para evitar futuras violaciones a los derechos humanos por parte del Estado” fue el título de la convocatoria. Los pedidos de los hijos de detenidos desaparecidos fueron contundentes.
Macarena Gelman instó a la sociedad uruguaya a ponerse en el lugar de las víctimas. “Si no entendemos que lo que nos pasó nos pasó a todos, por lo menos habría que ponerse en el lugar de a quienes nos pasó”, reclamó. Y, acto seguido, valoró la decisión de la Corte al tiempo que instó a ir por más. “El fallo es un punto de partida y un antecedente más que importante en un momento en que todas las partes del Estado están en consonancia en relación con este tema. Pero más allá de la declaración de inconstitucionalidad, es fundamental la expresión del pueblo uruguayo a favor de anular la ley”, agregó.
Victoria Julien, otra integrante de la asociación, remarcó el significado histórico de derogar la norma. “Anular esta ley tiene que ver con la solidaridad, es una oportunidad para reivindicar a nuestros padres y a la sociedad”, afirmó la militante. “Sería un cambio cultural enorme en el país”, insistió.
Amaral García, finalmente, lanzó su pedido señalando que es tiempo de que se haga justicia. “Yo estoy harto de que haya sucedido esto hace tantos años y todavía no haya justicia. Terminar con esta norma nos involucra a todos, pese a que algunos hayan sido las víctimas más directas de la represión que otros”, enfatizó. “La anulación de la ley permitirá a los violadores de los derechos humanos dar su testimonio ante la Justicia. No estoy diciendo revancha ni conmutación de pena, digo que tienen derecho a pedir disculpas”, explicó el miembro de Hijos.
La Ley de Caducidad fue promulgada en 1986 y ratificada por un plebiscito en 1989. El fallo de la Corte del día lunes fue el primero en la historia del país en declarar su inconstitucionalidad. Los jueces, para dictar su decisión, tomaron el caso de Nibia Sabalsagaray, militante comunista secuestrada y torturada hasta la muerte en 1974.


Multitudinaria marcha por el SI a la nulidad de la ley de impunidad



El Lunes 20 de Octubre decenas de miles de personas colmaron el centro montevideano bajo la consigna "último 20 con impunidad". Durante una hora y media se marchó desde Plaza Libertad hasta el Obelisco, cerrando de ésta forma la campaña por la papeleta rosada.
Fueron, fuimos, son, somos decenas de miles. Algun@s hablan de 100.000 personas, otr@s hablan de un poco menos, pero lo cierto es que decenas de miles nos movilizamos ayer Lunes 20 de Octubre para "cerrar" la campaña por el SI a la anulación de la ley de impunidad.

La marcha partió cerca de las 20hs. desde la Plaza Libertad, encabezada por Familiares de Detenidos Desaparecidos e Hijos.
Con decenas de fotos de desaparecidos se recorrió todo 18 de Julio al grito de "Se va a acabar, se va a acabar, la impunidad en Uruguay", y secundado mas atrás por una cuerda de tambores. Al pasar por locales del partido nacional, la multitud les increpó a los blancos "Olelé, olalá, si son media docena ¿por que no los contás?", aludiendo a las declaraciones del asesino del Filtro, Lacalle, quién dijo días atrás que "los desaparecidos son media docena".
Las 13 cuadras de marcha por 18 de Julio dieron el último empujón para que éste 25 de Octubre se anule la ley caduca, la que protege a los torturadores y a los asesinos. Una fuerte lluvía al llegar al Obelisco, no impidió que la movilziación se desarrollara con normalidad. Algunos con paraguas, otros con pilots, otros cobijados por un enorme nylon rosado, se refugiaron del agua para escuchar las palabras de Eduardo Galeano primero, y luego la lectura de la proclama por parte del periodista Gonzalo Delgado y la actriz Gabriela Iribarren.
Por los que cayeron en la lucha, por los desaparecidos, por los torturados, por los presos, por los asesinados, por los apaleados, por la memoria de un pueblo que no olvida, ni se entrega, ni perdona. Porque construiremos el mundo que querían construir nuestros compañeros, porque escracharemos y combatiremos a los verdugos de nuestros compañeros.
Porque nuestra memoria no olvida a los caídos y a los desaparecidos, porque nuestra dignidad no perdona a los verdugos, torturadores y asesinos ...

ÉSTE 25 DE OCTUBRE VOTAMOS SI PARA ANULAR LA LEY DE IMPUNIDAD!



Ni Olvido Ni Perdón!
Juicio y Castigo!
Juicio a la dictadura
!

Fuente:www.rebelarte.info
Fotos:Xanti Revueltas/Rebelarte