NO NOS RENDIMOS
NO NOS CALLAMOS
NO L@S OLVIDAMOS
HOY MÁS QUE NUNCA
Página 12
Por Mercedes López San Miguel
22/10/2009
El ex dictador Gregorio “Goyo” Alvarez fue condenado a 25 años de prisión como coautor responsable del homicidio “muy especialmente agravado” de 37 personas. El ex marino Juan Carlos Larcebeau también recibió la sentencia de 20 años por 29 homicidios cometidos durante la dictadura militar (entre 1973 y 1985). Los crímenes se enmarcan en las desapariciones forzadas de uruguayos que fueron trasladados desde Argentina en 1978 por el Plan Cóndor que coordinaron las dictaduras del Cono Sur.
El magistrado Luis Charles resolvió la sentencia sobre el pedido de la fiscal Mirtha Guianze emitido a mediados de julio, cuando solicitó la condena del dictador como coautor responsable del delito de “desaparición forzada” de 37 militantes de izquierda, en 1978. Gregorio Alvarez era comandante en jefe del Ejército y se manejaba en las más altas esferas de decisión. La imposición del máximo de 25 años de condena está plenamente justificada. “Su actuación se pondera en un contexto en el que este tipo de actividades se realizaban dentro de un plan sistemático de represión”, argumentó la fiscal. Que Alvarez, actualmente encarcelado y de 83 años, haya sido procesado por el delito de homicidio especialmente agravado –y no desaparición forzada– tiene que ver con que la figura de “desaparición forzada” recién se incluyó en el Código Penal hace un año y no se aplica su retroactividad. La sentencia, a cargo del juez Luis Charles, es una “dignificación de las víctimas”, subrayó el abogado denunciante Oscar Goldaracena, quien destacó la importancia de que se reconozcan los hechos como crímenes de lesa humanidad. “Lo que es importante es que se lo condenó por 37 homicidios muy especialmente agravados”, manifestó el abogado al Canal 4 de televisión. En el mismo sentido, Guillermo Paysée, miembro del área jurídica del Serpaj (Servicio de Paz y Justicia) habló ante Página/12. “Es una muestra para que los uruguayos tengamos presente que
El represor no se presentó al juzgado aduciendo problemas de salud mientras Larcebeau acudió el mediodía a la sede judicial donde, tras prestar declaración, Charles le comunicó la sentencia. Alvarez será visitado en la cárcel de Domingo Arena por un médico forense que constatará el estado de salud que adujo para no concurrir a la sede judicial y, en caso de que se confirme su imposibilidad de presentarse ante el juez, será notificado de su sentencia en la cárcel.
La condena sobre dos exponentes de la dictadura sucede a tres días de que los uruguayos decidan en plebiscito sobre la continuidad de
SCJ: Ley de Caducidad es inconstitucional
Portal 180
Florencia Melgar
19/10/2009
A seis días de que se plebiscite la anulación de
Por unanimidad los cinco ministros de
En el fallo hay un punto de discordia en el cual el ministro Gutiérrez objetó que se tendría que haber identificado a los militares para realizar el pedido. Sin embargo, el resto de los ministros de
Hace un año, en octubre de 2008 la fiscal de lo Penal de 2º Turno, Mirtha Guianze, interpuso el recurso de inconstitucionalidad contra
En su argumentación, la fiscal afirma que los artículos 1º, 3º y 4º de la ley 15.848 son inconstitucionales porque desconocen el principio de separación de poderes y los artículos 4 y 82 de
En 2005, Tabaré Vázquez había excluido la muerte de Sabalsagaray de
Fiscales pueden interponer acciones de inconstitucionalidad
Además,
En marzo de este año, el Fiscal de Corte, Rafael Ubiría, se opuso a que el recurso fuera presentado por Guianze, porque
En su alegato frente a
De todas formas, al recurso ya se había sumado la familia Sabalsagaray como "tercería coadyuvante" en el proceso.
Nibia Sabalsagaray
Nibia Sabalsagaray era estudiante de literatura en el Instituto de Profesores Artigas (IPA) y militante de
El actual intendente de Canelones, Marcos Carámbula, fue el médico que inspeccionó el cuerpo en el velatorio. Allí habría comprobado que murió a causa de torturas sufridas en su detención. La orden de los miltiares que entregaron el cuerpo a su familia fue que el féretro no se abriera.
En febrero de 2006 el coronel de ingenieros, José Chialanza, fue citado por el juez Rolando Vomero. Chialanza tenía en 1974 el grado de teniente coronel y era el jefe del Batallón de Ingenieros número 5 cuando Sabalsagaray fue secuestrada y muerta.
Consecuencias del fallo
Si bien se trata de un fallo histórico y configura un antecedente judicial relevante, la jurisprudencia en Uruguay no es vinculante para otros casos. El pronunciamiento se da solamente para este caso.
Hay otros casos que se pueden presentar mediante el mismo mecanismo y seguramente obtendrán el mismo fallo ya que la integración de
Este fallo es puntual para el caso de Nibia Sabalsagaray. El plebiscito del domingo 25 por la nulidad de la ley de Caducidad busca hacer inválida la ley para todos los casos. Además habilita a que los casos que no fueron investigados por estar abarcados en la ley, no puedan ser declarados "cosa juzgada" y deberán desarchivarse.



















La lucha de los pueblos indígenas en favor de su inclusión en el presente y en el futuro de sus naciones, por reivindicar sus derechos territoriales y agrarios, defender su identidad cultural y su lengua, dio paso al nacimiento del Día de la Resistencia Indígena desechando la visión imperialista de día de la raza o encuentro de dos mundos. Hace 517 años, el navegante Cristobal Colón salió del puerto de Palos (España) rumbo al occidente en busca de una nueva ruta hacia India y China, con el objetivo de evitar la ruta del Medio Oriente, dominada por los musulmanes, quienes manejaban el tránsito hacia el Lejano Oriente.
Colón siempre creyó que había llegado a las Indias, no tenía la más mínima idea de la existencia de un continente nuevo para ellos en ese vasto océano, un continente que ya tenía nombre, PUSI INTI SUYU ( en idioma JAYA MARA), TAWA INTI SUYU ( en idioma RUNA SIMI) , ABYA YALA (en idioma KUNA YALA).
Pero esta equivocación significó para los pueblos originarios el comienzo de una guerra de exterminio, donde se impuso un régimen colonial y al que se opusieron de manera directa o soterrada.
Es por ello que no se puede hablar de un ''descubrimiento'', Colón lo que descubrió irónicamente es que los llamados ''sabios'' europeos estaban totalmente equivocados en su concepción de una tierra plana.
¿Cómo se puede hablar de un ''descubrimiento''?, cuando se estima que antes del 12 de octubre de 1492, el continente Pusi Inti Suyu estaba habitado por más de 90 millones de personas.
Las tierras, de la hoy llamada América, están habitadas desde hace 30.000 o 40.000 años. Habían varias civilizaciones o Imperios: Inca, Azteca, Maya, además de muchas otras culturas.
Para los promotores del Día de la Resistencia Indígena, la idea eurocéntrica de descubrimiento ''es una reminiscencia de la mentalidad colonialista que consideraba que la personas de otros pueblos no tenían alma''.
Resistencia Indígena
Los pueblos indígenas de todo el Continente no fueron sumisos a la invasión imperialista. A lo largo y ancho del TAWA INTI SUYU, existieron heróicos guerreros defensores de sus tierras y su gente.
En Venezuela, Guaicaipuro Cacique de los indios Caribes Teques fue el primer heroico defensor del Valle de los Caracas. Es el símbolo de la resistencia, valentía y fortaleza del pueblo venezolano. Así mismo Chacao, Tiuna, Baruta, Caurimare, Tamanaco y muchos valientes combatientes.
En el caso de Perú, el 15 de Noviembre de 1781, la ciudad de La Paz había sido cercada dos veces, un fuego de rebeldía invadía valles y altiplano. Valiéndose del engaño, los españoles lograron capturar al lider de esa rebelión, a Tupac Katari.
Tupac Katari al ser apresado lanzó una sentencia a sus enemigos: ''. . . A mi solo me mataréis, pero mañana volveré y seré millones.
El Parlamento Aymará al declarar el 12 de octubre como día de la Resistencia Indígena promulgó: ''Puestos de pie, al cabo de más de cinco siglos de la funesta hazaña de Cristóbal Colón, evocamos la grandeza de nuestros ancestros''.
Ratificaron los representantes aymarás, al igual que otros pueblos originarios del continente que ''no han podido acabar con nuestras aspiraciones a la libre determinación de un pueblo milenario con civilización y cultura cósmica''.
500 años de ocupación
Al cumplirse 500 años del arribo del marino genovés a las costas del Caribe, se produjo un punto de quiebre que significó una victoria cultural de los indígenas.
Las conmemoraciones oficiales del Quinto Centenario en 1992 desataron discusiones y protestas indígenas que obligaron a los organizadores a cambiar la idea del ''descubrimiento'' de América por el de ''encuentro de dos mundos''.
Este cambio de denominación no satisfizo al movimiento indígena que ironizó el término como ''Encontronazo'', recordando que el ''encuentro'' con los conquistadores no tuvo nada de amistoso.
El parlamento Aymará enfatizó posteriormente que ''cinco siglos de vivir en la incertidumbre, infortunio y sojuzgamiento de nuestras libertades fundamentales'' no pueden llamarse ''encuentro''.
El centro del debate, en 1992, fue la ''narrativa de la resistencia'', el punto de vista de los pueblos originarios oprimidos y su reivindicación cultural frente al punto de vista colonial.
Las organizaciones indias califican de ''etnocidio'' la invasión europea y declaran ''no haber sido conquistados'' a pesar de la brutal explotación, robo de sus tierras, despojo de su autonomía y marginación a la que fueron sometidos. Recordaron las estrategias de sobrevivencia y resistencia indígenas, rebeliones abiertas o soterradas.
Aquel 12 de octubre de 1992 las multitudinarias manifestaciones en todo el Continente anunciaron un nuevo ciclo de luchas indias, particularmente en Chiapas, donde se preparaba una rebelión que marcó el inicio del siglo XXI.
Ese día en San Cristóbal de las Casas, vestidos con taparrabos, pintados sus cuerpos y armados con arcos y flechas, unos diez mil indígenas tomaron la ciudad real y derribaron la estatua del conquistador Diego de Mazariegos, símbolo de la opresión en la región.
La rebelión indígena chiapaneca, como otros movimientos del continente, representan el rechazo organizado contra el fatal destino que los condenó a desaparecer.
De norte a sur del continente, los pueblos indios reivindican sus derechos territoriales y agrarios, defienden sus recursos naturales, tierras, identidades culturales, lenguas y su autodeterminación.
El 12 de octubre de 1992 se convirtió así en el símbolo de la reconquista cultural y política de los pueblos indígenas.
En la voz de Jesus Ramirez Cuevas: así como Cristóbal Colón nunca se enteró que llegó a un nuevo continente, las elites globalizadas ignoran que sus sociedades han cambiado para siempre y que la demanda de los pueblos indios en favor de su inclusión en el presente y futuro de sus naciones, es también hoy bandera de todos los excluidos del mundo.

Joan Manuel Serrat estuvo con ella hace poco más de tres meses, grabando Aquellas pequeñas cosas, la última colaboración desde que se conocieron en 1969 en Buenos Aires. Desde entonces, un sinfín de conciertos compartidos, pero también de "discusiones y abrazos y de todo aquello que compartes con quien quieres". "Mercedes era una artista muy popular en el mejor sentido, hay muy pocos que puedan dar la emoción que ella transmitía", ha asegurado hoy desde Estoril el cantautor, que elogió su "voz fantástica, afinada, pero que no hubiese valido de nada sin un corazón que la empujara y ella lo tenía y eso lo sabía la gente; ha hecho llorar mucho a los hombres", sentenció.
“Tengo amor por lo que canto”, supo decir una vez, y quizá allí esté la clave para explicar por qué fue tan grande, por qué se lamenta tanto su partida.
Por Karina MichelettoYa no había espacio para la esperanza, sólo una triste resignación amplificada por el peso de su figura, que trascendió fronteras geográficas y artísticas. En la madrugada de ayer, a los 74 años, falleció Mercedes Sosa, debido a una disfunción renal cuyas complicaciones comprometieron todo su organismo y derivaron en una falla cardiorrespiratoria. Desde que se conoció la noticia de su grave estado de salud, en los últimos días que pasó en la unidad de cuidados intensivos del Sanatorio de la Trinidad –donde estaba internada desde el 18 de septiembre–, una certeza quedó instalada: con La Negra se va la gran voz de América. Se va, también, como quedó enternecedoramente puesto en acto en su velatorio –donde desde el mediodía de ayer desfilaron miles para darle el último adiós–, una figura en gran medida maternal, contenedora en más de un sentido.
Si Mercedes Sosa ha significado tanto para la multitud que quiso ir al Congreso, para los que en estos días inundaron la web con mensajes de amor, para los que desde todo el mundo la lloran, no fue sólo por su condición de cantora excepcional (y así se fue Mercedes, en pleno uso de esas facultades únicas). También por lo que esta mujer eligió cantar, aquel canto con fundamento que sostuvo hasta el final. Porque tuvo fundamento, su canto superó incluso sus contradicciones –su derrotero político, su coqueteo con Macri–. Y de eso, nunca se arrepintió.
Mercedes Sosa nació el 9 de julio de 1935, el Día de la Independencia, y en Tucumán. Toda una declaración de principios para una mujer que terminaría representando un relato posible de identidad argentina y latinoamericana. El día de su nacimiento, los diarios todavía ocupaban sus páginas con una noticia que dos semanas atrás había conmovido al país, más allá de las fronteras de la música: la muerte de Carlos Gardel. Lo mismo está ocurriendo desde que se conoció la noticia del grave
estado de salud de Mercedes, aunque los medios ahora sean otros. Se iba a llamar Julia Argentina, por la fecha patria en que le tocó nacer. Se iba a llamar también Marta, según el deseo de su madre. Pero su padre, como hacen algunos padres que van solos al registro civil, la anotó como Haydée Mercedes. La madre nunca aceptó el cambio inconsulto: puertas adentro de su casa, Mercedes fue la Marta. Más allá del fugaz nombre artístico de Gladys Osorio, para el mundo sería por siempre Mercedes, La Negra.
A fines de los ’50, era la esposa del artista. “Me enamoré de sus canciones”, decía al explicar por qué se había casado con Oscar Matus, desafiando a toda su familia, y se había instalado en Mendoza. Todavía su voz no había sido descubierta: el artista, el poeta, era su marido. Con esas canciones que la enamoraron hizo su primer disco. Con Matus, Armando Tejada Gómez, Tito Francia, Horacio Tusoli, Víctor Nieto, entre otros artistas cuyanos, fundó el Movimiento del Nuevo Cancionero, que marcaría la canción popular argentina e inspiraría otras búsquedas, tal como sucedía con otros movimientos similares en aquellos efervescentes ’60.
Mercedes Sosa fue Mercedes Sosa no sólo por ser una voz excepcional: lo fue por abrazar, de allí en más, esa canción con fundamento, superadora del paisaje, abarcadora de lo humano, acusadora de lo social. Ella misma se definía en función de esa elección, tal como se la escucha decir en el DVD que acompaña su último trabajo, Cantora: “Estos premios colgados en las paredes de mi casa no son solamente porque canto, son porque pienso. Pienso en los seres humanos, en la injusticia. Pienso que si yo no hubiera pensado de esta manera, otro hubiera sido mi destino. Hubiera sido una cantora común. Eso me hace pensar que no me equivoqué. Ni me equivoqué cuando comencé a pensar ideológicamente”.
En 1965 cantó de prepo en el Festival de Cosquín. Eran los tiempos del “boom” del folklore, cuando este evento realmente consagraba artistas y marcaba la agenda del género. Al recordar aquel debut, Mercedes no ahorraba palos a la Comisión de Cosquín, encargada de definir la programación. Hasta sus últimos días se ocupó de recordar que aquella vez actuó “en contra de los de la comisión”. “Cafrune me presentó al costado del escenario, porque la Comisión de Folklore no me dejaba subir”, detallaba en un reportaje a este diario. “Yo siempre tuve problemas con la comisión, no sé por qué... En ese tiempo porque era comunista, sigo siéndolo, pero por entonces era mala palabra. Canté con una cajita, nomás. Tuve un éxito muy grande, y ahí ya me contrató la Philips para grabar. Fue una actuación muy importante en mi carrera. Es más, fue la definitiva.”
A partir de 1976 comenzó a hacérsele cada vez más difícil trabajar, como a tantos artistas populares argentinos: falta de lugares que la aceptaran en su programación, espectáculos cancelados poco antes de comenzar, amenazas contra su vida. En 1978 irrumpió la policía en un recital en La Plata, la detuvieron durante dieciocho horas y aterrorizaron al público (la anécdota es bellamente contada en un mensaje dejado en su página web oficial, ver aparte). Durante la dictadura llegó a editar Mercedes Sosa, con temas de Víctor Jara y Pablo Neruda, Mercedes Sosa interpreta a Yupanqui y Serenata para la tierra de uno. Pero ya casi no conseguía trabajo, y en 1979 se exilió en París, y luego en España.
A comienzos de 1982 volvió a cantar a la Argentina. Regresaba a un país que aún se jactaba de tener las urnas “bien guardadas”, pero en el que ya se permitían algunas “distracciones”. Los conciertos que dio entonces en el teatro Opera –iban a ser dos o tres, prácticamente sin difusión, y al final, a fuerza del boca a boca, fueron trece a sala llena– no sólo marcaron su regreso, sino también un hito en la escena nacional. Entre los invitados de aquellos conciertos estuvieron Raúl Barboza, Ariel Ramírez, Rodolfo Mederos y representantes del rock como Charly García y León Gieco. Al invitar a cantar a rockeros a sus conciertos, Mercedes avaló con su figura un tipo de cruce que en rigor ya existía –Litto Nebbia cantando una zamba con Domingo Cura en bombo, tal como se lo ve en la película Rock hasta que se ponga el sol, Dino Saluzzi actuando en el Festival de Rock de La Falda de 1980–, pero que de allí en más se impondría como una marca de amplitud contenedora de su canto, en un repertorio en el que supo incluir a Silvio Rodríguez y Fito Páez, Cobián y Cadícamo y Pablo Milanés, Daniel Toro y los nuevos autores de folklore. De aquella serie de conciertos del Opera se editaron los LP En vivo en Argentina, una de las obras más vendidas de la discografía nacional.
Así pasó a ser no sólo una voz incuestionable, también una suerte de símbolo afín a cierto progresismo urbano, que le cuestionaba tanto el haberse definido alguna vez como comunista, como el pecado de ser de izquierdas y mientras tanto tener un buen auto o una buena casa. Pero que sin embargo la adoptó como la voz comprometida, la voz necesaria.
La historia de los últimos años de su carrera podrían contarse entre recaídas y regresos con gloria, como un ave fénix obstinada, con la potencia y el caudal de voz intactos, maravillando cada vez. Hubo una enfermedad que la acompañó en las últimas décadas de su vida: depresión enmascarada, la llamaba ella, y decía que tenía un origen muy claro en el sufrimiento del exilio.
La primera manifestación de esta depresión aguda la llevó al borde de la muerte en 1997, después de presentar Alta fidelidad. Mercedes Sosa canta a Charly García, un disco que nunca pudo llevar a la presentación en vivo junto a su amigo. Le llevó casi un año recuperarse, y lo hizo cantando, como cada vez que volvió de esas largas temporadas en la cama. Llamó al disco de aquel regreso Al despertar, se llevó con ese trabajo el Premio Gardel al Disco del Año, volvió a dar conciertos multitudinarios en la Argentina, volvió a girar por el mundo. Volvió a cantar –siempre en compañía de colegas de todos los géneros; por entonces estuvo en la cancha de Boca con Luciano Pavarotti–, y por lo tanto volvió a ser feliz.
“Sigo cantando, como la cigarra”, anunciaba. En 1999 lanzó la Misa criolla, en 2001 grabó en vivo Acústico en el Gran Rex. En 2002, junto a León Gieco y Víctor Heredia, propuso Argentina quiere cantar. Las presentaciones con sus dos entrañables amigos incluirían varias giras por el interior del país, y también por Europa y Estados Unidos, pero no pudieron completar el proyecto. Mercedes volvió a caer, volvieron las complicaciones físicas, volvió a manifestarse aquella vieja depresión. Entre 2003 y 2005 pasó momentos muy difíciles, con internaciones, deshidrataciones y descompensaciones, agravadas en el último tiempo por un par de caídas en el baño de su casa, una de las cuales le resintió una vértebra. Fueron dos años en los que pasó buena parte de su tiempo en la cama.
El año 2005 marcó su último gran regreso, y fue con todo. Volvió con un disco bello y despojado, Corazón libre, con dirección artística de Chango Farías Gómez, editado por el prestigioso sello alemán Deutsche Grammophon, que la eligió por considerarla “una de las mejores voces del mundo entero”. Volvió también a los escenarios, donde empezó a cantar sentada, y en un principio, con un cinturón ortopédico ajustándole la cintura. La debilidad física que exhibía, con varios kilos menos de su peso habitual, conmovía. Necesitaba un sostén para entrar al escenario –en ocasiones, una silla de ruedas–, la ayudaban a llegar a la silla desde la que cantaría. Pero se retiraba bailando, animándose a unos pasos al ritmo de “La luna llena”, a veces acompañada por los tambores del grupo La Chilinga.
Lo que conmovía, en realidad, era esa transformación operada en vivo y en directo: tan pronto como entonaba el primer verso, La Negra se volvía poderosa, gigante, indestructible. Su voz estaba intacta, y no es una manera de decir: verdaderamente seguía siendo la gran voz de América, una de las mejores del mundo, una de las elegidas.
El acontecimiento que marcó el inicio de aquel regreso fue la edición 2005 del Festival Músicas de Provincia (a propósito: antes de Mauricio Macri Buenos Aires podía darse lujos, como un festival de folklore. ¿Alguien lo recuerda? ¿A alguien le importa que la ciudad ya no lo tenga?). El 21 de diciembre de ese año, Mercedes cantó ante unas quince mil personas en su provincia natal, en una visita que significó el reconocimiento en suelo propio, con el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Tucumán. Aquella actuación, dijo, marcó el reencuentro con un público que recién entonces la sentía próxima: “Hacía muchos años que no iba, la última vez fue cuando murió mi madre, en el ’99”, contó entonces. “Recién ahí me empezaron a tratar como una artista no sólo tucumana sino de todo el mundo. Porque siempre está esa cosa con los artistas de acá: cómo puede ser famosa, si vive enfrente de mi casa... Sentí que Tucumán recién me adoptó entonces”.
Allí arrancó una gira que la llevó por cuanto festival y provincia pudo cubrir por tierra: sus dolencias no le permitieron volver a viajar en avión. Seguía cantando con una fuerza de otro orden, allí donde se presentara; seguía escuchando con fruición nuevas voces, nuevos autores, maravillándose ante el poder de la canción. “¡Qué hermoso que es cantar, Dios mío!”, repetía, y explicaba: “Yo me enamoro de las canciones como se puede enamorar una de un hombre. Tengo amor por lo que canto, por eso nunca pensé en cantar para vivir. Yo canto porque amo hacerlo, desde siempre”.
Si parecía imparable, si parecía capaz de la perfección vocal en cualquier contexto, parecía también que podía pedírsele más. Comenzó a gestarse un proyecto ambicioso: un disco –terminarían siendo dos– que presenta a Mercedes como la gran voz capaz de congregar al abanico más amplio de la canción iberoamericana, de Joan Manuel Serrat a Shakira, de Caetano Veloso a Luis Alberto Spinetta, pasando por Joaquín Sabina, Diego Torres, Jorge Drexler, Marcela Morelo, Soledad, Calle 13, Charly García, León Gieco, Víctor Heredia, Pedro Aznar, entre otros muchos.
Aquella fue su última producción, Cantora, que no llegó a presentar formalmente. En el DVD que se salió con la edición final del disco doble, se la ve a Mercedes como la madre que le aconseja a Gustavo Cerati gárgaras de bicarbonato para poner a punto la voz; exclamando una y otra vez cuánto le gusta cantar, pero qué poco grabar; abrazando y dejándose abrazar por todos sus colegas, recibiendo halagos, pero también ofreciéndolos. Se ve, sobre todo, a la mujer que se sigue emocionando con la letra de cada canción, que llora, que resalta versos, que explica que ella los vivió, y por eso los canta con el alma, con la voz y con todo el cuerpo.
Queda, como fondo musical de su vida, aquellos versos de “Barro tal vez” que escribió un adolescente Luis Alberto Spinetta, y que son parte de lo más alto del último disco de Mercedes, subrayado su aire de zamba. Mercedes Sosa cantó lo que sintió, sin una palabra de más, hasta el final. En eso se le fue la vida.




